Hay quienes se implican en una pelea y quienes la esquivan. Replantearse la intención del conflicto y tomar aire ayudan a resolverlo.
Un malentendido, una discusión por un tema doméstico y una determinada actitud pueden generar un conflicto de pareja, si se repiten con frecuencia. En muchos casos, la mala comunicación, el desequilibrio en las tareas domésticas y familiares y la convivencia desgastan las relaciones.
Los celos, los problemas de tipo sexual o íntimo y las diferencias entre prioridades y metas también son problemas habituales en una pareja.
Cuando confluyen estos problemas, sobre todo alargados en el tiempo, se produce una crisis que afecta a los dos miembros de la pareja que, en muchos casos, se siente frustrada y distanciada. Si hay voluntad e interés por ambas partes, el problema puede solucionarse.
Los conflictos más habituales
El conflicto es inherente a la humanidad y, muchas veces, inevitable. Sin embargo, cualquier enfado sigue unos patrones que permiten identificar unas tipologías concretas de conflicto.
Preguntarnos con qué intensidad nos esforzamos en conseguir lo que queremos y cuánto nos preocupamos por lo que quiere la otra persona es el punto de partida para establecer una tipología de conflictos. Estos dos aspectos se combinan para crear cinco enfoques distintos de conflicto:
Desequilibrio de poder. En una pareja, uno de los dos siempre tiene más iniciativa y capacidad de decisión, ya sea en lo económico, en la educación de los hijos o en la planificación del futuro. Para que ambas partes sientan que tienen voz es necesario un equilibrio de poder entre los dos miembros de la pareja.
Competición. Cuando alguien insiste en hacer las cosas a su manera y alza la voz o ignora la opinión de la otra persona, se muestra poco cooperativo y asertivo, y genera resentimiento en su pareja. Estas personas enfocan la pelea como si fuera un partido de fútbol que tienen que ganar a toda costa.
Esquivar el conflicto. En el otro extremo están quienes cambian de tema para evitar el conflicto. Por un lado, es una buena opción, ya que impide que este llegue a más, pero, por el otro, deja el asunto pendiente y sin resolver, lo que puede generar distanciamiento y frustración a largo plazo.
Ser complaciente. Relacionado con lo anterior, hay personas que siempre ceden con tal de evitar una pelea. En muchos casos, las personas complacientes dejan de lado sus propias necesidades en pro de la pareja, aunque esta actitud cooperativa puede generar resentimiento y sensación de sacrificio unilateral.
Intención colaborativa. Es la actitud más constructiva cuando hay una pelea. Ambas partes se involucran, comparten sus problemas y llegan a un acuerdo satisfactorio. Para que esto ocurra es necesaria confianza, paciencia y comprensión en la pareja, virtudes que suelen ser fruto del tiempo y la implicación emocional.
Claves para identificar su estilo de conflicto
Cada persona sabe si es más de implicarse o evitar la confrontación. Identificar los patrones que pueden causar problemas y tener conciencia de ellos es fundamental para mejorar la comunicación y la relación con tu pareja (también es extensible a cualquier tipo de relación social).
Mejorar nuestras habilidades personales nos ayudará a resolver los conflictos y ver otros puntos de vista que, de entrada, podríamos no haber contemplado. Ponga atención a estas pautas para solucionar las desavenencias de manera más efectiva:
Replantéese la intención de la pelea. El objetivo no debería ser ganar una discusión. No se trata de una lucha en la que hay ganadores y perdedores. Reconocer esto es fundamental para que las aguas vuelvan a su cauce y se pueda hacer autocrítica.
Al final, una pareja busca el entendimiento mutuo, y, por lo tanto, debería haber menos presión para tener razón y más margen de adaptación.
Asuma su estilo de conflicto. Cada miembro de la pareja debe reconocer y aceptar que tiene una tendencia natural a competir o evadir los conflictos. Detectar nuestro estilo de conflicto es el primer paso para tener empatía y ponernos en la piel del otro.
Tome aire. Aunque pueda parecer algo menor, hacer una pausa antes de reaccionar permite calmarse y pensar con más claridad. Moverse por impulsos puede dar lugar a palabras defensivas y a una intensidad que puede acabar desbordando la situación.
Acuda a un terapeuta. Ponerse en manos de un profesional es una opción excelente para gestionar mejor los conflictos y una herramienta esencial para que usted y su pareja encuentren estrategias que funcionen para ambos estilos de vida.
Como ve, existen distintos tipos de conflictos de pareja. Reconocer cuál es nuestro perfil es el punto de partida para abordar los problemas y buscar soluciones. La empatía, la confianza y el interés en que las cosas fluyan son fundamentales para prevenir o reconducir cualquier desencuentro.
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Fuentes:
The Five Conflict Styles, Explained—Plus, How They Can Impact Your Health. April Benshosan. Women’s Health. October 2025. https://www.womenshealthmag.com/relationships/a65595165/conflict-styles/
Problemas de pareja: ¿cuáles son y cómo afrontarlos? Universidad Europea. Septiembre 2024. https://universidadeuropea.com/blog/problemas-pareja/



