musicoterapia

Musicoterapia, música para curar

La música en sentido amplio se ha venido utilizando desde los comienzos de la humanidad como “herramienta curativa”. No en vano, entre sus efectos directos se cuenta su capacidad para provocar alegría, calma, melancolía, esperanza, etc. Y aunque siempre se ha sabido que es beneficiosa para la salud, hasta la Segunda Guerra Mundial no se empezó a utilizar con fines terapéuticos en centros médicos de América y Europa, produciéndose así el nacimiento de la musicoterapia.

Desde entonces, múltiples estudios han venido poniendo de relieve la utilidad de la terapia musical para aumentar el bienestar psicológico y mejorar la salud física.

Qué es la musicoterapia

La musicoterapia es la utilización de la música como método terapéutico para curar enfermedades o mejorar síntomas y diferentes aspectos relacionados con la salud.

La musicoterapia incluye el uso de los diferentes elementos que componen la música (sonido, ritmo, melodía y armonía) con un paciente o grupo, en un proceso destinado a facilitar y promover mejoras en aspectos relacionados con sus características físicas, psíquicas, sociales y cognitivas.

No se trata de una terapia alternativa ni de una terapia subalterna, sino que tiene entidad propia.

Música y salud

El potencial beneficioso de la música se basa en su capacidad interactiva con el cuerpo y la mente. De este modo, es capaz de activar diferentes partes del cerebro, estimular los sentidos, despertar sentimientos y emociones, y provocar respuestas fisiológicas y mentales.

El empleo de la música en los contextos terapéuticos permite abrir nuevas vías de investigación en el campo de la discapacidad, en los contextos hospitalarios o para la comunicación en general.

Tipos de terapia musical

Musicoterapia: Intervención musical pasiva

Escuchar música como actividad pasiva forma parte de las técnicas utilizadas en musicoterapia. Desde la perspectiva de la neurociencia, la actividad pasiva y activa difieren en la activación de diferentes partes del cerebro.

Escuchar música involucra áreas corticales y subcorticales del cerebro, incluyendo la amígdala, el cuerpo geniculado medial en el tálamo y el córtex auditivo primario derecho e izquierdo. Otras zonas activadas cuando se escucha música son el córtex frontal medio anterior, el surco superior temporal y los polos temporales.

Cuando se escucha música, las preferencias individuales también repercuten en las regiones que se activan en el cerebro: no es lo mismo que la música haya sido elegida por uno mismo o por otra persona.

La identificación emocional y el incremento de la atención son aspectos que se han visto mejorados a partir de la musicoterapia pasiva. Este aspecto cobra especial interés en pacientes con autismo, patología en la que el reconocimiento de las emociones y la capacidad de comunicación social están poco desarrolladas.

La intervención musical pasiva se puede complementar con la actividad física.

Musicoterapia: Intervención musical activa

La terapia musical activa requiere de una participación directa, ya sea tocando un instrumento, cantando o participando de la composición musical. Este tipo de actividad involucra más partes del cerebro que si se escucha música sin más. Además de las zonas que se activan escuchando música, la participación musical involucra al cerebelo, el ganglio basal y el área motora cortical.

Algunos de los aspectos que pueden verse estimulados o mejorados gracias a la participación musical activa son las habilidades verbales y gestuales, así como la atención grupal y la comunicación no verbal. También puede determinar mejoras en el estado de ánimo en personas con depresión.

Curar con musicoterapia

A través de la utilización de la música, los terapeutas entrenados pueden reducir la ansiedad y la depresión de los pacientes, aliviar el dolor y animar a la comunicación. La musicoterapia puede ser utilizada en pacientes de cualquier edad en ámbitos diversos, incluyendo hospitales, clínicas, ambulatorios y hogares.

El tratamiento con diferentes técnicas de musicoterapia determina efectos positivos en diversas patologías que han podido recogerse en diversidad de estudios.

Enfermedades mentales

Gracias a la musicoterapia, la esquizofrenia y los desórdenes mentales graves pueden mejorar en cuanto al funcionamiento global y social del paciente, así como los síntomas depresivos.

Enfermedades neurodegenerativas

En las enfermedades en las que la actividad motora se ve comprometida, como el caso del Parkinson, se pueden lograr mejoras en los movimientos relacionados con la marcha.

Mejorar el sueño

La calidad del sueño puede verse mejorada con técnicas de musicoterapia, lo que determinará una mejor salud en general y una mayor calidad de vida.

Niños prematuros

La musicoterapia ha mostrado efectos favorables significativos en la función respiratoria de bebés prematuros, así como una mejora en los niveles de ansiedad materna.

Enfermos críticos

La música puede disminuir el estrés y la ansiedad durante la ventilación mecánica e inducir una relajación general sin tener que utilizar medicación, lo que disminuye la tasa cardiaca y el consumo de oxígeno, determinando una ventilación más efectiva. La música puede mejorar la calidad del sueño y reducir el dolor de los pacientes. Todo ello se puede traducir en una recuperación más rápida.

Salud cardiovascular

Algunos estudios también han evaluado el efecto de la musicoterapia en pacientes hipertensos, sometiéndolos a sesiones de musicoterapia pasiva regular durante 4 semanas. Esto supuso una reducción de 6 mm de Hg en la tensión arterial sistólica frente al grupo control. Esta disminución fue relevante, ya que la reducción de 5 mm de Hg se asocia con la reducción de un 13% en el riesgo de padecer un accidente cerebrovascular.

En definitiva, aunque es preciso profundizar en el estudio de algunos aspectos cuyo grado de evidencia son poco sólidos, la musicoterapia puede ser un tratamiento efectivo para pacientes con las siguientes enfermedades y síntomas:

  • Enfermedades limitantes que afecten al estado mental y a la calidad de vida.
  • Pacientes con ventilación mecánica con la función respiratoria y estado mental dañados.
  • Pacientes con tratamientos del dolor que requieren opioides.
  • Daños cerebrales adquiridos que afectan a la función motora, especialmente a la marcha.
  • Desórdenes del espectro autista incluyendo habilidades comunicativas.
  • Enfermedad coronaria con efectos en la función circulatoria, respiratoria y mental.

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Referencias

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